Leña del sacrificio riguroso
de esta culpada víctima inocente,
que de mi llanto apagas la gran fuente
y no el rigor de mi engañado esposo.
Padre, sacrificaba, aunque piadoso,
al santo Isaac; aquí es tan diferente,
que el hijo sacrifica, o lo consiente,
la madre, a quien negó el amor forzoso.
Pero la fe, que siempre firme estuvo
en ese gran poder dice que espere,
sin temer que mi sangre se derrame;
que Dios, que el brazo de Abraham detuvo,
si es que probar en esto mi fe quiere,
mejor tendrá la espada a un hijo infame.