¡Ay, dulce libertad! ¡Cuán caro muestras,
ahora que de mí te has desterrado,
aquel contento del antiguo estado,
reliquias tristes de las glorias nuestras!
¡Ah suertes, al glorioso bien siniestras!
¡Cuánto tenéis vuestro rigor probado!
¡Triste de aquel a quien ha puesto el hado,
planetas fieros, en las manos vuestras!
Viéndome, amor, sin armas, me rendiste;
lo que en otro es traición, en ti es victoria
mayor, por ti me abraso y me consumo.
¡Ay, bella soledad, que un tiempo fuiste
sol del sentido y luz de la memoria,
y ahora de este fuego eres el humo!