Bien puede este jardín, Otavia ausente,
sacrificar aromas a los cielos
las mosquetas vencer los blancos velos
de aquella sierra que relumbra enfrente.
Salir en verdes hojas diligente
el blanco azahar, y en encarnados celos
coronarse el laurel, y de los cielos
la violeta imitar al Occidente.
Mas cuando salga Otavia, la mosqueta
se irá a su frente, y los claveles rojos
a sus labios, que vencen sus colores.
El azahar a tus dientes, la violeta
a sus ojos, mas hay dulces despojos,
quien fuera el dueño de tan bellas flores.