Si fue mayor la gloria y noble el pago
que dio en España a Cipión la fama
en no querer gozar la presa dama,
que el vencimiento ilustre de Cartago;
y sí después de aquel lloroso estrago
de Darío, más heroico el mundo llama
al macedón, que no violó su cama,
mi deuda con lo mismo satisfago.
No quiero que me estimen ni me alaben
las propias ni las bárbaras naciones,
porque en mi pecho sus grandezas caben.
No son los capitanes Cipiones,
ni Alejandros los reyes, si no saben
vencer sus apetitos y pasiones.