Bañaba el sol la crespa y dura cresta
del fogoso león por alta parte,
cuando Venus lasciva y tierno Marte,
en Chipre estaban una ardiente siesta.
La diosa, por hacerle gusto y fiesta,
la túnica y el velo deja aparte;
sus armas toma, y de la selva parte,
del yelmo y plumas y el arnés compuesta.
Pasó por Gracia, y Palas viola en Tebas,
y díjole: «Esta vez tendrá mi espada
victoria igual de tu combate acero.»
Venus le respondió: «Cuando te atrevas,
verás cuánto mejor te vence armada
la que desnuda te venció primero.»