Dios de mis padres, no es soberbia mía
no me rendir a Amán, tan arrogante
como Nembrot, aquel feroz gigante
que escalar vuestros cielos pretendía:
Introdújose así la idolatría;
no es bien que con el culto se levante,
debido a quien no tiene semejante,
quien no tiene poder seguro un día.
Vos sois la majestad a quien debida
es nuestra adoración, y por quien vierte
sangre en las aras donde sois servida.
Nadie con vos es poderoso y fuerte;
que como sois el dueño de la vida,
también tenéis el cetro de la muerte.