Mata, desdeña, abrasa, hiela, enciende
el alma que te adora, desdén mío;
que cuanto más me matas, más te envío
la libertad del alma que te ofende;
castiga, aflige, rompe, injuria, prende
lo que el cielo me dio por albedrío;
que en mi firmeza contrastar confío,
cuanto la tuya en tu rigor pretende.
Compitamos los dos: yo en atreverme
para que mi locura se confirme,
y tú en matarme, helarme y encenderme;
que no pienso jamás arrepentirme;
que aunque es verdad que puedes deshacerme,
no serás tan cruel como yo firme.