Enferma Clori de tus ojos bellos,
y por mandarlo físico inhumano,
consulta el permitir que alguna mano
sacrílega le corte los cabellos.
¿De qué sirviera, le responden ellos,
habernos hecho el cielo soberano
prisión de amor, si el pensamiento vano
no se enlazara fuertemente en ellos?
Bien dice, Clori, y es razón que huyas
de cortarte el cabello, aunque recelo
te ofende el peso de las almas suyas;
que si al cielo no pesan las del suelo,
es porque en gloria están, pero las tuyas
pesan porque padecen en tu cielo.