Aunque vengarme de tu sol pudiera,
si tu cabello un bárbaro cortara
y en sus niñas amor me retratara,
cuando en tus ojos sin temor me viera;
aunque sin rayos en tu hermosa esfera,
tu divina belleza contemplara,
y cuanto yo quisiera te mirara,
que yo sé bien que eternamente fuera;
y aunque me abrases, Clori, me parece
que a mi remedio está mejor pedirte
guardes el oro, que andan por robarte;
que si todo el cabello amor me ofrece
para ocasión, y no he podido asirte,
sin él, ¿de qué asiré para obligarte?