¡Oh verdugo del alma, la esperanza!
Quien sin desesperar un bien espera
no es hombre, es piedra; que una piedra en cera
convierte la sospecha en la tardanza.
Conozco, en fin, que quien espera alcanza;
mas no hay bien, que si espero le quisiera,
por no esperar, que la esperanza altera
la paz del alma y la mayor bonanza.
Consume la esperanza poco a poco
la mejor sangre, y de una en otra duda
los enigmas difíciles retrata.
¿No te bastaba, amor, ser ciego y loco,
sino engendrar a la esperanza muda,
que no dice quien es hasta que mata?