Celia, pues en tus ojos los humanos
hallan incendios, y el amor templanza,
alivio en tempestad, sino esperanza,
¿por qué arrobas a intentos soberanos?
Da el poder de tus ojos a tus manos;
quien por ti en lecho ondoso gloria alcanza,
en mar de heridas débate bonanza,
no hagas los votos, que te ofrezco, vanos.
Vivo violento en mí de amor herido,
y no ha de ser menor que tú me hiciste,
procurando salud por otro medio.
Amante he de vivir, aunque en olvido,
o tú me has de sanar, pues tú me heriste,
o mátenme las ansias del remedio.