Brama el mar, y la pobre navecilla
cruje en las olas, siempre fluctuando;
ya se sube a las nubes rechinando;
ya topa en las arenas con la quilla.
Ya ce acerca a varar hacia la orilla,
ya a la mar ancha vuelve forcejando;
a babor y a estribor la van cargando;
ya no puede en el agua resistilla.
Ya tiembla entre los rayos y los truenos;
ya por la popa y proa se abalanza;
ya del remedio todos van ajenos.
Pero en este peligro el sol se alcanza,
y yendo la tormenta siempre a menos,
la navecilla se miró en bonanza.