En confusión estoy, y justamente,
del intento que sigo temerosa;
pero en causa tan justa y tan forzosa,
mejor es proceder osadamente.
De lo que la vergüenza no consiente,
parece que está el alma deseosa;
la fama de Fernando es milagrosa,
y teme el corazón que le contente.
Pero como la vista y los oídos
andan siempre encontrados, verle es justo,
y conténtense todos los sentidos.
No quiero que después se queje el gusto,
que viven, porque fueron atrevidos,
las potencias del alma con disgusto.