Brota diluvios la soberbia fuente,
más piadosos que el cielo para Egipto,
cuando piélago en ondas infinito,
aun su misma ribera no lo siente.
Multiplican mis ojos su corriente
contra la fuerza del celeste rito,
pues cuando abrasa el sol todo distrito,
de sus márgenes pasa la creciente.
Hiriendo el sol las encumbradas sierras,
que al nido se derraman en tributo,
vuelven a ser fructíferas las tierras.
En mí causa mi sol el mismo efecto;
¡más ay! que son las lágrimas sin fruto,
pues con ser agua, queman en secreto.