¡Otra vez, fuentes y árboles sombríos,
me distes estas mismas confianzas;
otra vez en tormentas y en bonanzas
a la mar arrojé mis desvaríos!
¿Otra vez vieron los tormentos míos
las historias de amor en mis mudanzas;
otra vez le he pesado dos balanzas,
que tuve menos seso, aunque más bríos!
Ahora yo no sé como me atreva,
pobre, desconocido, en tierra extraña,
adonde el alma el pensamiento lleva.
¡Alábase fortuna de esta hazaña,
que no hay en el amor cosa tan nueva
como pensar que el engañado engaña!