Empresa grande fue romper con Argos
las vírgenes espumas del mar fiero,
aquel piloto de Jasón, primero,
fue quien bramó por tan pesados cargos;
y no menor de trances tan amargos
salir el griego, que celebra Homero,
o encadenar el infernal Cerbero,
Hércules, fin de sus discursos largos.
Pero guardar del oro y del rendido
pecho de un hombre, amando loco y ciego,
y a todos los peligros atrevido,
una mujer, entre ocasión y ruego,
mayor empresa fue que haber vencido
del mar el agua y del infierno el fuego.