Laura gentil, que coronar pudieras
al mismo sol, en cuyos rayos bellos
más luz dieran tus ojos, que, sin ellos,
tienen los ojos de las ocho esferas.
Si el fuego vivo en que abrasar pudieras,
mi rudo ingenio ardiera en mis cabellos,
ceñidos de tu lauro, porque en ellos
premio inmortal a mis conceptos fueras.
Aunque como el gigante sobre el risco,
pagara atado la atrevida hazaña,
tú fueras de mis ojos basilisco.
Y en fe de esta verdad, al mundo extraña,
callara Italia su inmortal Francisco
y de otra Laura se alabara España.