Nunca, tirano amor, de tus embustes
resultaron menores desatinos;
ya no podrás hallar otros caminos
para que más de veras me disgustes.
¿Qué un conde humilde y una reina ajustes?
Enlaza, amor, las hiedras con los pinos;
mas no enredes los frágiles espinos
cuando, por niño, de locuras gustes.
Mira, amor, que era el Conde propio centro
desta alma y calidad, y que es pequeño
para los brazos de la Infanta bella.
Mas eres vino, amor; que una vez dentro,
quieres que te obedezcan más que al dueño,
y echas de casa a quien te puso en ella.