Ya cuando el sol en sombras se volvía,
cerrando los horrores el estrecho,
que del regazo, bien que no despecho,
del amante al amante dividía.
Leandro, que a ruegos horas quitó al día,
siendo nave de sí, surco el estrecho;
y el mar con tanto incendio llamas hecho,
nuevo escarmiento en él apercibía.
Mas Neptuno envidiaba sus amores,
amaba a Leandro la marina Diosa,
que su cuidado remedió en sus brazos.
Hero, por oponerse a los favores,
arrojose de amor muerta, o celosa,
el Dios la recibió dándole abrazos.