Niño inocente, que el rigor tirano
de otro segundo Herodes vais huyendo,
con vuestra luz y vuestro paso haciendo
la noche clara y el camino llano
rogad al cielo, aunque no sois cristiano,
con esas perlas que lloráis riendo,
que se duela de vos, que hasta Él entiendo
llega ese llanto y esa tierna mano.
Hijo sois de mi propio entendimiento;
con la imaginación os he engendrado,
y así, por defenderos, hijo, muero.
Por calor os daré mi propio aliento;
si os falta leche en este despoblado,
con propia sangre sustentaros quiero