Ningún hombre se llame desdichado,
aunque le siga el hado ejecutivo,
supuesto que en Argel viva cautivo
o al remo de galeras condenado;
ni el propio loco, por furioso atado;
ni el que, perdido, llora estado altivo;
ni el que a deshora trajo el tiempo esquivo
y por necesidad a humilde estado.
En fin, cualquiera pena es fácil cosa,
que ninguna atormenta tan de veras
que no la venza el sufrimiento tanto;
mas el que tiene la mujer celosa,
¡oh tiene desdicha, Argel, galeras,
locura, perdición, deshonra y llanto!