Los celos, que debieran ser temidos
en grande estimación, no hay quien los llame
menos que nombre bárbaro e infame,
siendo quien abre amor nuestros sentidos.
Hubiera en las ausencias mil olvidos,
esto confesará cualquiera que ame,
pues para que el amor no se disfame,
está el amor de celos permitidos.
Son los celos curiosos una espía,
que con su vista lince y sus desvelos,
de que ven la menor alevosía.
Sin celos no hay amor, fuego ni hielos,
porque como a la noche sigue el día,
las estampas de amor pisan los celos.