Pues si yo te olvidare eternamente,
ni dejaré de estar agradecida
caiga de esta montaña combatida
del mar con el rigor de su corriente.
Mi bien se acabe y mi dolor se aumente,
pierda a las manos de un traidor la vida,
sin honra, y sepultura conocida,
en tierra extraña entre extranjera gente.
Ni el sol viniendo con su luz me alumbre.
Y me falte jamás envidia, y celos
del más seguro amor mayor empeño,
ni para mí su natural costumbre,
guarden los elementos y los cielos
sino fuese tu esposa, y tú mi dueño.