Dulce desdén, ¿a qué remota parte,
a qué tierra, a qué cielo diferente,
apacible, cruel, helado, ardiente,
no fuera yo para poder templarte?
Hermosos ojos, pus ignora el arte
ciencia de serenar la hermosa frente;
donde hace el sol su más ilustre oriente
y tantas flechas el amor reparte.
Como podéis vivir sin mil reparos,
quien sólo en esto ocupa la memoria.
Noble desdén ¿de quién queréis vengaros?
Que cuando más segura la victoria
me dais, desdén, en esos ojos claros
pena mirando y con miraros gloria.