Áspides que abrasáis mi pecho infame,
y que tenéis mi corazón por nido,
salid con más furor, salid os pido,
para que todo junto le derrame.
Furia no habrá que no provoque y llame
de cuantas tiene el reino del olvido
por donde nunca Job fue perseguido;
quiero que a Isidro mi rigor disfame.
Celos le quiero dar, quiero abrasarme;
campos, ¡qué importa el hielo del invierno,
si os tengo de abrasar para vengarme?
No sé como me sufre el mismo infierno;
mas no es porque pretende atormentarme,
mas porque sirva de tormento eterno.