En vano os levantasteis, pensamiento,
guiado de mi dulce fantasía,
pues en la cera de tan vil porfía
plumas fingió mi loco atrevimiento.
Ninguno edificó sin fundamento
que tuviese más dicha que la mía,
pues la vana esperanza que tenía
cayó del sol, y al detuvo el viento.
Amaba al Rey, y de mi amor me espanto;
tiene otro gusto el Rey; amor, ¡paciencia!
Tratad de ausencia y suspender el llanto.
Ausencia es la más justa diligencia,
si se puede esperar, amando tanto,
un grande olvido de una breve ausencia.