¡Con qué artificio tan divinas sales
de esa camisa de esmeralda fina,
¡oh, rosa celestial alejandrina,
coronada de granos orientales!
Ya en rubíes te enciendes, ya en corales,
ya tu color a púrpura se inclina,
sentada en esa vasa peregrina,
que forman cinco puntas desiguales.
Bien haya tu divino autor, pues mueves
a su contemplación el pensamiento,
y aun a pensar en nuestros años breves.
Así la verde edad se esparce al viento,
y así las esperanzas son aleves,
que tienen en la tierra el fundamento.