Si estás, Lucía, a sombra de algún chopo
de verdes hojas y cortezas lisas,
jabonando en el Ebro tus camisas
o hilando para hacellas algún copo.
Si con algún galán de los que topo
de noche en sombras, sus arenas pisas;
entre tus Juanas, Mengas y Belisas
estás contando fábulas de Esopo,
duélete de este preso desdichado
y perdona al dolor si te importuno:
son las quejas del preso lastimado.
Y por loco me tienen, y ninguno
me ha visto eternamente confiado,
ni le dije a mujer secreto alguno.