Justas quejas que derramaba al viento,
en ofensa de amor, Clarinda mía,
sin ver que padecer por vos corría
a cuenta de tan gran merecimiento.
De haberos agraviado me arrepiento
en no estimar el mal que padecía;
que como vuelve el sol la noche en día,
vuelve vuestro valor, gloria el tormento.
Quejábame de ver, contra mi fama,
preso por loco el seso, y, en efecto,
conozco que a su premio Amor me llama.
Prisión es justa; que ningún discreto
puede probar que es cuerdo mientras ama
o confesar que no es su amor perfecto.