Llamaron los filósofos la luna
tierra celeste, y con razón es tierra,
pues la humedad que lo terrestre encierra,
no la deja tener firmeza alguna.
¿Qué mucho que no se halle en ti ninguna,
mujer mudable (quien la busca yerra),
si eres tierra celeste, que destierra
la paz más firme y la mejor fortuna?
¡Oh luna desigual! Creciendo enojos,
que pones tantas quejas en los sabios,
de quien ve las menguantes de tus ojos:
¿Qué bien dicen por ti los que son sabios,
que quien de tales lunas hace antojos,
merece ver con ellos sus agravios!