Si digo a Juana, cuanto hermosa, fiera,
lo que la quiero, ingrata corresponde;
si digo que es mi vida, me responde
que se muriera porque no lo fuera.
Si la busco del soto en la ribera,
entre los verdes álamos se esconde;
si va a la plaza, y la pregunto adónde,
con la cesta me rompe la mollera.
Si digo que es la hermosa Polixena
dice que miento, porque no es troyana,
ni griega ni la igualo con Elena.
Eres hircana tigre, hermosa Juana;
mas ¡ay! que aun para tigre no era buena,
pues siendo de Madrid, no fuera hircana.