Marchitas plantas, ramos, fruto y rosas,
fe de los hombres, tiernas clavellinas,
que siendo falsas, como piedras finas
a nuestro engaño relucís vosotras.
Robles, desenlazad las amorosas
yedras de engaño y deslealtad indinas,
porque las apariencias más divinas
de fes rompidas vivan victoriosas.
Pastor injusto, pues que llega el día
de tu mal pensamiento, estos despojos
recibe, que es más justo a quien le toca.
Ni soy tu prenda, ni eres prenda mía;
sólo me pesa, que a tan buenos ojos
el cielo diese tan fingida boca.