¡Adiós, atolladeros y honduras
de la fragilidad del carro humano;
fríos de invierno, ardientes de verano,
mudanzas de alquiler con mataduras!
Las buenas son angélicas criaturas;
yo las estimo, y a sus pies me allano;
hablo de las que son de mala mano,
que a tantos dan unciones sin ser curas.
Labradora más bella que unas natas,
sin botana o parchíferos portillos,
que hueles más que Coca y Alaejos;
muestra los quince puntos de tus patas;
que ya voy a cogerte los tomillos,
y quédense a curar los cueros viejos.