Adiós casadas, piélago de engaños;
adiós, las que no sois tan virtuosas
que, en siendo esposas, os echáis esposas
para la libertad de tantos años.
Dichoso el que, con justos desengaños,
pasa con su mujer horas dichosas;
y más el que no vio las peligrosas
fortunas de la mar de tantos daños.
Adiós, taza dorada con veneno,
Amor, no es bien que más el arco vibres,
hoy de tu reino al libre me despachas.
Adiós, fruta sabrosa en huerto ajeno,
que yo me voy a las solteras libres,
que no engaña quien vende con sus tachas.