¡Alado dios, vendado niño ciego,
que postras altos cetros y coronas,
al más pobre y humilde no perdonas
y a todos haces guerra a sangre y fuego!
Yo, que en las olas de la mar me anego,
¿qué defensa hallaré cuando blasonas
que temen tu poder las cinco zonas,
privando a los más libres de sosiego?
Pues derribas, destrozas, atropellas
majestades, imperios y tiaras,
consuelo es para mí aunque no me alabo,
que quedo libre en ver que altivo huellas
las libertades pródigas y avaras,
el ver que me sujeta a mí un esclavo.