Tres meses ha que en estos montes vivo,
huyendo de la furia de un romano,
huésped de un animal noble africano,
de quien sustento liberal recibo.
No se ha mostrado al beneficio esquivo,
de sacarle la flecha de la mano;
yo sí a mi Flora por aquel tirano,
pues que la dejo y ando fugitivo.
¡Oh, cuánto los ingratos son culpados!
Quien agradece la piedad ajena,
notablemente a Júpiter obliga;
reserva el cielo de otros mil pecados,
para otra vida, su castigo y pena,
y al que es ingrato, en esta le castiga.