Si alguno justamente quejas forma
de su contraria estrella y de los cielos,
consuélense los suyos con mis duelos
y no se queje mientras no se informa.
Ya Circe, de hombre en piedra me transforma,
y aun fuera bien, por no sentir mis celos,
que, en efecto, presentes sufrirelos
y no en la ausencia, que al morir conforma.
Bien puede ser de un hombre resistido,
un contrario cruel y su violencia,
mas no cuando a traición como éste embiste.
Los celos por los ojos me han venido,
pero por las espaldas el ausencia,
y lo que no se ve, no se resiste.