Salieron a campaña en desafío
Temor y Amor. Iba el temor armado
de un peto fuerte, en su rigor templado,
y la cobarde espada en hielo frío.
Amor, siempre valiente, con más brío
de armas de fuego y de valor cercado,
la venda se quitó determinado,
y luego vi en sus ojos que era mío.
Venció al Temor y declaró su daño,
volviendo vencedor, y a mi memoria
corrió los velos de su ciego engaño.
Cantaron mis sentidos la victoria.
«¡Victoria!», dijo Amor, y el desengaño
trocó mi mal en bien, mi pena en gloria.