Quien se puede alabar después de veros,
si puede ser, que se libró de amaros,
ni mereció quereros, ni miraros,
pues que pudo miraros sin quereros.
Yo que lo merecí, sin mereceros,
mil almas, cuando os vi, quisiera daros,
si lo que me ha costado el desearos,
a cuenta recibís del ofenderos.
Mándame amor, que espere, y le creo,
por lo que dicen, que esperando alcanza,
aunque tan alta la esperanza veo.
Pero si os ha ofendido mi esperanza,
dejadle la venganza a mi deseo,
y no queráis de mí mayor venganza.