Salen los rayos del señor de Delo
dorando el monte, y esmaltando el prado,
y del arroyo por la noche helado,
vuelven reflejos a su mismo cielo.
Esparce el ave por el viento el vuelo,
en nudoso redil bala el ganado,
marcha al son de las cajas el soldado,
por Julio al Sol y por Diciembre al hielo.
Alégrase la mar de espumas cana,
porque cuanto sustenta el cielo, y cría
vive de nuevo en viendo la mañana.
Y levántome yo Lucinda mía
al Sol de tu hermosura soberana
porque en tus ojos amanece el día.