¿Quién te debe, Señor, lo que te debo?
Tuyo será el honor, tuya la gloria;
por ti gocé tan próspera victoria,
por ti el laurel de aqueste triunfo llevo.
No el Arca santa a conducir me atrevo
por Madián, sino tu fe, en memoria
de aquella santa y verdadera historia,
con el vino maná que como y bebo.
Si tú me das esas divinas luces,
y con tu fuerte y poderosa mano
valor contra los moros andaluces,
Córdoba temblará del castellano,
en su mezquita colgarán tus cruces,
y en cada mármol un pendón cristiano.