Si de piel asperísima vestido,
el cabello revuelto y erizado,
al gran Bautista en el Jordán sagrado,
si es Cristo, le preguntan, prometido.
A vos, aunque también con piel ceñido,
pero en manos, costado y pies llagado,
en Cristo por amores transformado,
y a Cristo en cuerpo sangre y parecido.
¿Cómo os llamara, si Israel os viera?
y porque la humildad vuestra se arguya,
¿qué dijérades vos después de visto?
¿Quién duda que Francisco respondiera,
no soy yo Cristo, soy estampa suya,
ni vivo como yo, vive en mí Cristo?