Teresa, yo soy tuyo y tú eres mía.
Señor, yo soy indigna esclava vuestra.
Eterna será ya la amistad nuestra.
Dichosa el alma que de vos confía.
Estas heridas me dio Amor un día.
Amor tiene la mano en darlas diestra.
Del mío aquí te doy la mayor muestra.
Mil veces yo morir por vos querría.
Así Cristo amoroso solicita
al alma de Teresa, y le ha mostrado
de su resurrección gloria infinita.
Mereciendo su amor, y aquel cuidado,
con que la luz del Carmen resucita,
que esto le diga Dios resucitado.