El santo reino de Jebus adquiere
el Saladino en paz, a quien lastima
Gofredo en sueños, la ciudad anima
Thomé Abisinio, y defenderla quiere.
La industria Norandino le refiere,
y los que el Persa mata, el cielo estima,
quiere volverse Henrico, y desde encima
de un corredor precipitado muere.
Leopoldo, Duque de Austria, al Inglés prende
y muerto el Saladino al mundo muestra
en la mortaja, que de un asta pende.
Que de cuanto ganó su fuerte diestra,
y el Reino, que de mar a mar se extiende
no lleva más; ¡o vana ambición nuestra!