Las parias, Ataúlfo, alfaquí santo
de aquel vuestro patrón que llamáis Diego,
que pide el rey Fernando de Castilla,
yo las daré mayores que las pide,
porque con la noticia de sus hechos
ya le tiemblan los moros hasta el África;
y pues que se las dan Toledo y Córdoba,
no es justo que Sevilla se las niegue;
pero los cuerpos de las santas vírgenes
que vosotros llamáis Justa y Rufina,
y aquí por el Dios vuestro fueron muertos,
yo no sé dónde están, ni hay moro alguno,
porque yo he consultado los más viejos,
que sepa en qué lugar tienen sepulcro.