De letras grandes el ajeno escrito,
y el propio error del propio amor borrado,
todo hombre juzga, y el juicio errado
tiene en su idea bárbara prescrito.
Es la culpa del hombre el sobrescrito,
y así juzga el culpado del culpado,
que de sus propias culpas olvidado
es juez severo de cualquier delito.
Vive, Licinio tú, vida tan buena,
que de toda virtud parezcas templo;
riñe ejemplar, y cándido condena.
No como ahora indigno te contemplo;
que el hombre ha de culpar la vida ajena,
no con su entendimiento, con su ejemplo.