Señora mía, lágrimas derramo
viendo que os trate de esta suerte el mundo,
siendo su estrella vos, y en el profundo
Diluvio el Ave con el verde ramo.
No me permite los que os quiero y amo
sufrir que ese purísimo y fecundo
claustro, que de los tres honró el segundo,
no le honre el mundo, a quien ingrato llamo.
Hacedme, Virgen, digno de alabaros;
dadme virtud contra enemigos fieros
que no quieren, Señora, respetaros.
Si a las damas defienden caballeros,
merezca serlo vuestro por amaros,
y hasta perder la vida defenderos.