Una morena y otra blanca dama,
siendo por sus riberas y malezas
Manzanares la tabla de estas piezas,
de su breve cristal hicieron cama.
La escultura en las dos era de fama,
compitiendo colores y bellezas,
si bien de dos iguales gentilezas
más la blancura se apetece y ama.
En esta y clara fácil competencia,
un galán que pasaba por la orilla
dijo, por sosegar la diferencia:
«Buenas entrambas son a maravilla,
la una de jazmines de Valencia,
la otra de polvillos de Sevilla.»