De azules rayos coronó la frente
Febo, a los ojos de su misma Aurora,
fénix, Deidad, que tantas plumas dora,
cuantos orbes bañó su sacro Oriente.
Sintió su viva luz el polo ausente,
que la mitad de su corona ignora;
temió la noche, que la luna adora,
y retiró su sombra el Occidente.
Envidiosa de sí la Envidia estaba
viendo correr el sol, dando colores
al aire, que seguirle deseaba.
Levantose a sus claros resplandores
todo el jardín de amor, que le miraba,
que cuando sale el sol, crecen las flores.