No ¡por Dios!, dijo la celosa dama,
que el sí y el no, los gustos y las quejas,
como caballos son, corren parejas;
de azufre es fuego amor y azul su llama.
Como es al huracán la seca rama,
y suele ser la tierra con las rejas
y el femenino llanto a las orejas,
tales son juramentos en quien ama.
En vano mis palabras solicitan
el desengaño, y en su amor apuro,
pues al engaño no se facilitan.
¡Oh, bien haya mi amor firme y seguro,
pues que do tengo celos me los quitan,
dos dedos de pernil y seis de puro!